El tan solicitado «Eras Tour» de la cantante Taylor Swift pisó tierras sudamericanas a mediados de noviembre, causando furor entre sus fans brasileños debido a la situación extrema que se vivió en el Estadio Olímpico Nilton Santos de Río de Janeiro.

Previo al inicio de sus tres shows, la cantante de 33 años fue recibida de la manera más cálida en Río de Janeiro, Brasil, con la proyección de una camiseta «swiftie» sobre el Cristo Redentor. Esto fue posible gracias a la organización de los grupos de fans, quienes convencieron al alcalde Eduardo Paes de hablar con la iglesia para posteriormente concederles este emotivo gesto. Sin embargo, poco sabían las personas que asistieron al primer concierto de lo que estaban a punto de vivir. El 17 de noviembre, después de hacer largas filas por horas para entrar al estadio, se percataron de la sofocante situación.

Debido a que la zona general del estadio no está numerada, la concentración de gente resultó en una multitud muy apretada. Además, gran parte de las entradas de aire superiores fueron bloqueadas para que las personas que no compraron los boletos no pudieran ver el espectáculo. A esto se le suma la ola de calor que se está viviendo en Río de Janeiro, con temperaturas de 45 grados centígrados y una sensación térmica que alcanza los 59 grados centígrados. Para el momento en que los fans lograron ingresar al estadio, ya había casos de insolación y deshidratación, pues al hacer check-in, el personal retiraba las bebidas que traías contigo para que solo pudieras comprarlas dentro. No obstante, el cobro era solo con efectivo, dejando a las personas que realizan sus pagos con tarjeta sin la posibilidad de conseguir agua. Además, el piso estaba cubierto con láminas de metal y la ventilación no fue encendida. La problemática era evidente, incluso cuando Sabrina Carpenter salió a dar el show de apertura, se notaba a la cantante con la piel roja y sudorosa en el escenario principal.

La situación estuvo lejos de mejorar, ya que iniciado el concierto, los fans, por la emoción, comenzaron a empujarse para tratar de llegar hasta el frente. Fue así como durante la segunda canción, «Cruel Summer», la fan Ana Benavides fue llevada a urgencias debido a un paro cardiorrespiratorio causado por el sofocamiento y calor extremo en el estadio. Pasada una hora, perdió la vida en el hospital.

Swift, con los gritos de desesperación de sus fans pidiendo agua, comenzó a notar lo que se estaba viviendo en la zona general e hizo una pausa durante una de sus canciones para tratar de que el personal repartiera botellas de agua a las personas. La frustración tanto de la artista como de los fans se hizo evidente durante todo el concierto, para llegar a su cúspide en la canción «Bad Blood», donde el escenario se encendió en llamas, aumentando todavía más la sensación térmica dentro del estadio. Ya casi terminado el show, se notaba a Taylor en un estado agitado, tratando de mantenerse en pie para interpretar su última canción.

Después de tres horas de concierto, las personas salieron del estadio con fuertes dolores de cabeza, para encontrarse con otra situación de peligro, ya que había gente fuera del estadio esperando al término del show para asaltar las pertenencias de los y las swifties.

Fue mediante un tweet que la intérprete de «Shake it off» se pronunció acerca de lo sucedido con la fan Ana Benavides, mostrándose devastada por los hechos y posponiendo los otros dos shows.

Afortunadamente, durante el segundo show en Río de Janeiro, se mejoraron drásticamente las medidas en el estadio, permitiendo a los fans llevar botellas de agua consigo. Además, se repartieron otras cuantas gracias a patrocinadores que se enteraron de lo sucedido en el primer show, las entradas de aire fueron abiertas y las láminas en el piso fueron retiradas. Taylor Swift cantó por primera vez su canción «Bigger than the whole sky», que habla acerca de un duelo, a manera de dedicársela a la fan que desgraciadamente perdió la vida durante el primer show.

Así se llegó a la conclusión de este terrible acontecimiento, dejando una gran lección a los organizadores de los conciertos en el Estadio Olímpico Nilton Santos de Río de Janeiro.